El Blog de Sergio del Molino

TAYLORISMO ELITISTA

Agosto 23, 2007 · Dejar un comentario

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Kiko Amat, en el Culturas de La Vanguardia, escribe un artículo muy acertado, que resume básicamente lo que yo pienso, sobre la costumbre de la revista Granta de seleccionar cada década a los mejores novelistas jóvenes. En esta ocasión le ha tocado el turno a los mejores novelistas jóvenes norteamericanos. Estas vacaciones leí la antología en cuestión y, salvando dos o tres relatos, todos me dejaron un regusto de cosa prefabricada e insípida. Pero, además, leyendo el prólogo, me quedaron claras otras cosas que invitan a desconfiar mucho de quienes quieren emular a la MTV en plan cultureta. Porque una cosa es marcar tendencias o jugar a adivinar por dónde va la vaina moderna, y otra muy distinta es “marcar la agenda de lecturas de toda una generación”, como se vende Granta. Al loro cantimploro, porque la cosa tiene su miga:

1) El proceso de selección lo realizan universitarios excelsos y profundamente elitistas. Así, si en la lista de los mejores novelistas británicos, casi todos procedían de Oxford y de Cambridge, en la de norteamericanos, la mayoría son aplicados empolloncetes de la Ivy League. Y, como la propia historia de la literatura demuestra, el talento no fermenta sólo en los campus de Nueva Inglaterra. Como dice Amat: “Es más probable que un camello pase por el ojo de una aguja a que un no universitario pobre y autodidacta publique en Granta. Si Bukowski viviese, su máxima relación con Granta sería limpiar los retretes de la editorial”. Y no quiero ni pensar en cómo los dejaría de guarros. Les saldría más a cuenta tenerle como articulista.

2) El editor de Granta, Ian Jack, cita en el prólogo a Zadie Smith, con quien comparte escándalo por la abundancia de antihéroes violentos y escatológicos en los relatos. ¿Cómo es posible, si son jóvenes ricos y mimados que no han experimentado más muerte en su vida que la de su perrito Randall? Jack lo achaca a una “mal asimilada” influencia del realismo sucio de Carver en los talleres literarios donde se han formado estos escritores. He aquí lo nunca visto: taylorismo elitista. Mucha técnica pero nada que contar. ¿No decía Oscar Wilde que para escribir sólo hacían falta dos cosas: tener algo que escribir y escribirlo? Ya vendrán los lectores luego a discriminar si les interesa o no lo que está escrito. Pero claro, Wilde ya no imparte seminarios en Harvard ¿Para qué leerlo si no puedes ponerlo en el currículum? Por mi parte, tengo claro que, para leer malos sucedáneos de Raymond Carver, prefiero releer los cuentos de Raymond Carver. Qué poco moderno soy, ¿no? No me extraña que no me inviten a rave parties.
3) No hay nada más prescindible que una lista de imprescindibles. No está de más echarle un vistazo. De hecho, yo me he quedado con las ganas de leer algo más de un par de autores (por ejemplo, de Kevin Brockmeier), pero os aseguro que no va a marcer mi agenda de lecturas ni la de nadie. Entre otras cosas, porque soy demasiado veleta para gastar algo tan presuntuoso como una agenda de lecturas”.

Categorías: Literatura

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