CON LA PUERTA (DEL HOSPITAL) EN LAS NARICES

Hoy estoy triste. No sólo porque se cumple un aniversario que debería ser celebrativo y no lo es, sino porque he asistido a la escenificación de la banalidad del mal.

Esta mañana me tocaba participar en la tertulia del programa informativo Buenos días, Aragón, de Aragón TV, donde colaboro, y el invitado era el consejero autonómico de Sanidad, Ricardo Oliván. El formato de esa parte del programa, llamada Mesa de redacción, incluye una entrevista al invitado correspondiente, que conduce el presentador, Pablo Carreras, y al final, se abre turno de preguntas para los colaboradores. Normalmente, nos da tiempo a formular dos o tres cuestiones cada uno, pero esta vez ha apremiado el reloj y solo hemos podido plantear una. Yo llevaba cuatro preparadas y tenía la esperanza de lanzar al menos dos, pero he tenido que jugármelo todo a una bala. Me ha dado rabia, la verdad, porque muchos de quienes me seguís sabéis de sobra que el deterioro de la sanidad pública es una de las cosas que más me preocupan y me joden de todo lo que está pasando, y este encuentro en directo en una televisión con el máximo responsable aragonés del asunto me parecía una ocasión que no podía desperdiciar. Creo que la he aprovechado muy parcialmente, pero, dadas las circunstancias, también creo que he disparado bien.

Si pincháis en este link (aquí), podréis ver mi pregunta y su respuesta a partir del minutaje 01:02:40.

Mi pregunta ha sido: Si en un servicio de urgencias, a un inmigrante irregular sin tarjeta sanitaria se le diagnostica una enfermedad crónica o muy grave que requiera un tratamiento costoso y continuado, ¿qué se hace con esa persona? ¿Tiene derecho a un tratamiento oncológico o se le programa un trasplante de riñón? ¿La sanidad pública española le va a atender?

Porque a mí me fastidiaba mucho que Rajoy y toda su corte insistieran en que la negación de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares no implicaba que se les dejara desatendidos, que seguían teniendo derecho a las urgencias. Yo quería desmontar lo falaz de esa proposición: si las urgencias no pueden derivar a sus pacientes a otros servicios, no son más útiles que un botiquín casero de primeros auxilios.

El consejero ha dilatado la respuesta, planteando el supuesto conocido de la compensación, algo factible para un inglés o un noruego. Es decir, que se le puede atender y luego se pasa la factura al ministerio de salud de su país o se le deriva directamente a su país. Pero esa no era la cuestión, como cualquiera puede suponer. Me refería a quienes proceden de países donde no van a ser atendidos o que no van a reembolsar a España los gastos sanitarios.

«En el caso que has comentado, la legislación actual impide que atendamos a esas personas».

O sea —he insistido—, que les mandaríamos a casa. «Así es», me ha constestado. Y no podrían acceder a ningún tipo de asistencia, he vuelto a insistir. «No», ha vuelto a responder.

La verdad es que agradezco la honestidad del consejero Oliván. Otros políticos habrían mareado mucho más la perdiz, habrían eludido la respuesta con datos, sofismas o consignas demagógicas. Él ha contestado con claridad y sin apenas maniobras de despiste. Pero lo que a mí me parece aterrador, además de la situación en la que estamos, es que un alto cargo público pueda afirmar con tranquilidad que la administración que él gestiona va a cruzarse de brazos (está cruzándose de brazos, de hecho) ante la muerte de personas que requieren su ayuda. Que tenga los medios, los profesionales y la capacidad suficientes para atender a esas personas pero que no lo vaya a hacer, sabiendo que su inacción llevará a esos pacientes (que son sólo enfermos, no pacientes, ya que no están atendidos por médico alguno) a una muerte cierta e indigna.

Esa es la banalidad del mal, esa es la obediencia debida, esa es la tranquilidad que da la legislación vigente, el yo-soy-un-mandao. Tengan la seguridad de que ni una sola de esas muertes pesará sobre la conciencia del consejero, porque no se siente concernido por ellas, porque él, simplemente, cumple órdenes, ejecuta su papel en la función, recita su texto y hace mutis. Es honesto que conteste así, pero a mí me aterra comprobar que alguien tenga la sangre fría necesaria para afirmar con la mayor de las tranquilidades que van a negarle hasta una aspirina a un enfermo de cáncer, que no va a haber ni un gramo de insulina para los diabéticos y que un enfermo renal ni siquiera va a tener un colchón sobre el que agonizar (no ya una máquina de diálisis).

Al menos, se lo he hecho decir. De poco servirá, pero que por lo menos, lo digan, que no nos vengan con rollos.

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17 respuestas a CON LA PUERTA (DEL HOSPITAL) EN LAS NARICES

  1. ¡Sencillamente aterrador!. Ver esa impasibilidad ante el sufrimiento ajeno te sube los ovarios a la garganta. Porque es injusto e inmoral, teniendo los medios, no ya dejarles morir sino hacerles sufrir, sin derechos ni apoyos, a su puta suerte. Y, ahora, son ellos. Mañana, seremos otros. Porque esto no se arregla -y “cada viernes, habrá una reforma”- Se sienten imparables. Voraces. ¡Se nos van a a tragar!. Una merienda de fofos agradablemente aliñada por al desesperación.

  2. ¿Cuál es el aniversario que debería ser celebrado?
    Buen post.

  3. De todos los recortes que está haciendo el PP, uno se consuela pensando que son cuestión de dinero y que otro gobierno podrá corregirlos. Pero lo de dejar fuera del sistema nacional de salud a los inmigrantes sin papeles, me parece sencillamente inmoral. Rajoy, Oliván y todos esos, van a cargar con muchas muertes sobre sus conciencias.

  4. Francisco Miguel Justo: uno íntimo, relacionado con mi hijo.

  5. No me esperaba menos. Es demasiado tarde para que lo repita, pero lo volveré a decir: no es puntual esa falta de comprensión por parte de Oliván, que como la grandísima parte de los políticos (los que no han quedado apartados de la política) la comparte. Son unos mandados, ésto es así, y punto. ¿Que se hace un daño? Pos vale, pos bien, pos m’alegro. ¿Que no se hace? Pos vale, pos bien, pos m’alegro. Lo peligroso los políticos lo hagan, sino que la sociedad entera está desgarrada, mermada e incapaz de sentir, conocer y ser ella misma. Éso es lo que lleva a los políticos a actuar, en gran medida, así.

    No te des mal, Sergio. Ya se sabía la respuesta antes de que la dijera. Lo realmente preocupante es lo otro.

  6. Verdaderamente aterrador, como al final se te escucha. Si alguien conoce la solución que hable ahora, o calle para siempre, pero mejor que hable indicando las posibles soluciones.
    Por cierto, ¿existe una relación de países con los cuales no tenemos contrapartida sanitaria? Será cuestión de pensarse donde ponemos el cuerpo.
    Nota al margen, se nota lo del fin de semana vaciando mesa y consumiendo alimentos, si es que el mal café, también engorda.

  7. Sergio, gracias por hacer esto. Y por decir esto.

  8. Vivo en EEUU y hasta ahora estaba orgullosisima del sistema sanitario espanol, con todas sus carencias. Imposible no estarlo, tras compararlo con el americano. Todo esto es terrible.

    Y ya veremos cuantos de los derechos que estamos perdiendo se acaban recuperando.

  9. Trabajé en la sanidad española. En los 80 hice un estudio de una sección de cirugía, que pasé al gerente del hospital, en el que demostraba que en esa sección cada año 50 enfermos de cáncer pasaban a lista de espera de cirugía e iban a morir esperando ser operados. Solución del gerente: Yo gestionaría la programación de quirófano. Al cabo de unos meses cambió el gerente (después de unas elecciones políticas) y el nuevo, presinado por los cirujanos que tenían que tenían que currar más, encargó la programación de quirófano a un cirujano, al más vago, con lo que se volvió a la situación anterior.

  10. Comentario al margen, Sergio. Esto aparece en la revista Bohío de divulgación turística, editada en Santo Domingo

    http://www.bohionews.com/index.php?option=com_content&view=article&id=885%3Asiete-orejitas&catid=50&Itemid=124

  11. Ex-compañero de piso

    ¿Hay algún país del mundo donde sin pagar te atienda un médico?

    • En España el médico no es gratis, ni los hospitales ni todo eso. El sistema nacional de salud se paga entre todos mediante los impuestos y las cotizaciones sociales. Uno de los fundamentos de las sociedades civilizadas consiste en que nadie muera ni sufra enfermedad por no tener dinero suficiente para pagar el tratamiento de su bolsillo. Luego está la sanidad liberal, que consiste en que si no tienes dinero, el médico no te atiende.

  12. Ex-compañero de piso

    ¿Eso es un sí o un no? ¿Si voy a Suiza o Japón y no cotizo y además estoy ilegalmente en el país, me atienden en algún sitio que no sean urgencias?

    Pregunto, porque no lo sé pero ya me lo imagino…

  13. Eso es que la pregunta es irrelevante, no importa lo que hagan los demás países. Tenemos un sistema sanitario que se financia a través de los PGE para garantizar la asistencia universal y de acceso gratuito, tal y como establece la ley. Hasta ahora, el sistema sanitario español era así, independientemente de cómo funcionaran los demás. Sí, en España te atienden aunque en otros países no lo hagan. Hasta ahora, al menos.

  14. Ex-compañero de piso

    Ay España…ese país en el que se ve imposible ahorrar para la vejez mientras no pasa nada por invitarse una ronda a toa la parroquia, gastarse la pasta en bodas/comuniones/cumpleaños,/etc

    De irrelevante no tiene nada.

    El que quiera ser el más generoso del mundo, con su dinero que se lo pague. En un país en el que trabaja 1/3 de la población, digamos que es insostenible.

    Será que Suiza o Japón no son civilizadas…o será que les suda la polla el resto del mundo y sí los ciudadanos ;)

  15. Lo siento: con el topicazo de la ronda, la comunión y la españolidad haces irrelevante el resto del comentario.

  16. Una noticia que alegrará al ex-compañero de piso. Por fin España comienza a dejar de ser esa país rumboso que paga rondas de operaciones a todo tipo de gorrones cancerosos:

    A Landi Fan, de 52 años, le diagnosticaron a finales del año pasado un cáncer que le afectaba tanto al recto como al ovario. Pasó por el quirófano el pasado 15 de febrero en el Hospital General de Alicante a pesar de que carecía de tarjeta sanitaria. La semana pasada, su pareja, Eduardo Guillamó, recibió una notificación de la Consejería de Sanidad que incluía una factura de 20.797,39 euros por la atención sanitaria prestada.

    Noticia completa:
    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/05/09/actualidad/1336593195_618737.html

Si alguien tiene algo que alegar, que hable ahora o calle para siempre

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