Aciertan quienes me acusan de no haber sido nunca heavy (razón, los enfurecidos comentarios de aquí, pero también las perlas que me dedican en este foro, en este otro y en este otro. Son muy tiernos los heavies). De hecho, creo que nunca he sido nada de nada. Nunca he tenido la fe o la voluntad suficientes para integrarme en grupo, secta u organización alguna. Soy demasiado vago y desconfiado para eso. Ni siquiera me he sentido cómodo adscrito a un colectivo profesional, nunca he entendido el orgullo corporativo. Soy un desclasado, ateo por descarte y pereza e incapaz de definirme políticamente más allá de dos adjetivos generalistas que apenas califican un lugar común. Qué más quisiera yo que sentir la comunión con el grupo y el goce de la liturgia compartida. Qué más quisiera yo que reconocer mi placer en el de la multitud y emocionarme hasta las lágrimas con las mitologías y las banderas. Pero, por desgracia, mis lealtades no van más allá de la gente a la que quiero y que me quiere. Ni siquiera me identifico con mis ciudades, sino con la versión personal e imaginada —y, a veces, soñada— que construyo de ellas en mis textos, levantada a fuerza de cariños, amores y odios estrictamente personales y tajantemente intransferibles.

Digo esto para aclarar, por si alguien duro de mollera no lo ha entendido aún, que escribo desde la primera persona del singular sin débitos, vasallajes ni portavocías, que mi voz es sólo mía, no representa ni aspira a representar a nadie, ni siquiera cuando se expresa en plural. No soy contemporáneo ni generacional ni ilustrativo de nada más que de mí mismo. Sinceramente, no podría ser otra cosa sin mentir, y el único valor de mi discurso es su inanidad subjetiva. Por eso, cuando escribo aquí —especialmente, cuando escribo aquí, en este rincón que yo me gestiono y que no depende de terceros, donde nadie más que yo controla el discurso e impone el tono y la forma—, lo hago con ánimo egoísta, buscando satisfacer pulsiones e instintos simplemente míos. No hay vocación instrumental, esta escritura empieza y acaba en sí misma, no aspira a influir en modo alguno en la marcha del mundo y de sus gentes. De hecho, cuando escribo contra algo, casi siempre escribo contra mí mismo, contra lo que fui y lo que creí ser o lo que creo que voy a ser. La ofensa es libre y no negaré que me divierte promoverla, pero por el simple placer de ver cómo crece y rompe como una ola, no porque mis odios sean tan voraces como para trascender su expresión escrita y desear una destrucción real de la cosa odiada. La destrucción implica una fuerza de voluntad de la que carezco. Soy demasiado perezoso para promover cualquier forma de iconoclasia, lo mío es escribir sentado sin cansarme mucho.

Hasta aquí la sarta de obviedades, pero me apetecía decirlas, porque las he pensado a propósito del enésimo cabreo heavy que he provocado en el blog. Ahora va el post de verdad.

Dicen los sentenciosos dioses de la guitarra: «Tocar la guitarra es como hacer el amor con una mujer» (la frase se atribuye a Gary Moore, que dijo: «Playing guitar is much like making love to a beautiful woman») . Es una de esas muestras de inteligencia retórica que con frecuencia nos regalan los músicos —un periodista musical me dijo no hace mucho: «Tío, no deja de sorprenderme la pobreza discursiva de la mayoría de los músicos, incluso de los que parecen más sofisticados o de los más interesantes. Es que no saben hilar tres frases, parecen retrasados mentales, les quitas el micro y la guitarra y se vuelven lerdos». Hablábamos, por supuesto, de las honrosas excepciones, de los músicos con los que sí se puede hablar y dan muestras de haber leído algo más que las diez primeras páginas de El señor de los anillos—.

Analicemos con detalle la expresión «Tocar la guitarra es como hacer el amor con una mujer». Como tropo es tosco y confuso, porque los símiles suelen plasmarse en imágenes, no en acciones. Comparar acciones no es acertado en términos literarios, no ayuda a entender nada, sino que lo embarulla todo. Pero, en fin, no nos pongamos morfosintácticos.

Me fijo en el complemento circunstancial «con una mujer». Tocar la guitarra no es como hacer el amor a secas, sino que tiene que ser, obligatoriamente, con una mujer. Es fácil deducir que sólo sentirán placer y entenderán de forma completa y absoluta los arcanos del instrumento quienes gocen haciendo el amor con una mujer. Demográficamente, por tanto, la comprensión de los misterios de la guitarra queda reducida a los hombres heterosexuales y a las lesbianas. Los hombres homosexuales y las mujeres heterosexuales —que, en principio, no parecen propensos a disfrutar del amor físico con una mujer— nunca serán buenos guitarristas. Es decir, nunca sentirán lo que hay que sentir al tocar una guitarra.

Si no es lesbiana, está fingiendo.

Ítem más: la comparación de tocar la guitarra y hacer el amor no se limita a las mujeres, sino, según la cita de Gary Moore, a las mujeres hermosas. Exlcluyamos, por tanto, a quienes, por lo que sea, disfrutan más con una mujer no hermosas o tienen fantasías con los anuncios de Carmen Machi, que son legión, a juzgar por las audiencias. El target de posibles guitarristas queda así muy limitado: la guitarra es un instrumento para machotes y lesbianas que sólo gocen con mujeres hermosas. Absténgase los enamorados de las feas, por divertidas y encantadoras que sean.

Los dioses de la guitarra, efectivamente, ponen cara de estar corriéndose o de haber vuelto a casa tras unas vacaciones en las que el cambio de dieta les ha provocado ciertos desarreglos intestinales de los que intentan aliviarse con esfuerzo.

Actíviate y buenas noches.

Pero lo que subyace en esta y en otras muchas gloriosas sentencias emitidas por rocosos rockeros es la comunión aparentemente indisoluble que se da entre la música y el sexo. La música y toda su liturgia —fundamentalmente, el baile— se asocian con el sexo. Yo entiendo que se asocien con el cortejo. Es obvio para cualquiera que no hay demasiada distancia entre muchas manifestaciones culturales y el despliegue de la cola del pavo real. Sin las ganas de follar, no se entenderían muchísimas de las grandes cosas que ha hecho la humanidad (tampoco muchas de las peores). Pero el chiste no puede ir más allá del cortejo. La música y la cultura son reclamos y excusas para acercar a la gente y propiciar la intimidad, obviously, pero no tienen que ver necesariamente con el sexo itself.

Esta era mi profe de guitarra. Se llamaba Luciana, pero todos la llamábamos ayomá.

Yo, que soy muy torpe y no he atendido a los consejos de Vampirella ni frecuento los sex shops, no he conseguido maridar el sexo con casi nada. La música no me incita, me distrae, me molesta. Como a tantísimos congéneres, me gusta muchísimo la música y me gusta muchísimo follar, pero no sé mezclar ambos placeres, y sospecho que quienes se empeñan en buscar maridajes sexuales tienen una actitud un poco impostada.

O se está a setas o se está a rolex. ¿Qué tiene que ver la guitarra con hacer el amor con nadie? Amos, anda. Es mentira, porque, si fuera verdad, la erección resultante impediría al guitarrista un manejo adecuado de su instrumento, se le desplazaría o le provocaría severos dolores genitales. No creo que se pueda tocar bien la guitarra estando empalmado, la verdad. De hecho, no creo que se pueda hacer bien ninguna actividad estando empalmado, salvo la de follar propiamente, que para eso se empalma uno. La erección inhabilita o merma las facultades para cualquier cosa no sexual. Si están concentrados en las notas que tienen que tocar, no están pensando en meterla. No, al menos, en ese preciso instante. Puede que sí inmediatamente antes e inmediatamente después, pero cuando alguien está concentrado en una tarea complicada —y tocar la guitarra lo es— no se descentra con místicas sexuales. La sangre la tiene en el cerebro, que es donde la necesita en ese momento, no en la polla.

Pero bueno, si los músicos escogen los instrumentos por su similitud con sus apetencias sexuales, muchos de estos aspirantes a dioses de la guitarra deberían elegir algo más verosímil con su realidad erótica, como una zambomba o unas maracas.

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