Archivo de la etiqueta: House

GERMEN, INSPIRACIÓN, PLAGIO

Intertextualidad, en cualquier caso.

Esta semana he empezado a ver Scrubs, una sit-com hospitalaria que creo que en España sólo se ha podido ver en el Plus. Mi hermano me regaló la primera temporada -después de hacer proselitismo durante un par de años o así- y, la verdad, no sé por qué no me llamó la atención antes (nota al margen: tengo que hacer más caso de las recomendaciones de mi hermano). Es muy divertida. En su trama y su estructura, no deja de ser una sit-com clásica a más no poder, pero está rodada con mucha gracia, con mucho frenesí, con mucha exageración y poco realismo, con un aire bufo muy logrado y muy original. Además, los personajes están muy bien: el prota es un neurótico inseguro que no para de meter la pata y su partenaire es, directamente, y según propia definición, una nerd. Esto es, la antiheroína.

Pero yo sólo quería hablar del doctor Cox, jefe del prota, médico veterano y pasadísimo de rosca, muy histriónico -tanto el actor como el personaje- y con mucha mala baba. Cínico, gusta de humillar a sus subordinados, siempre tiene una frase ingeniosa y/o hiriente en la lengua, habla con frenesí, es genial, creativo, no soporta al director médico -a quien hace la puñeta siempre que puede- y se salta los protocolos médicos con alegría provocadora y rebelde.

¿Les suena de algo?

Sí, es House.

Pero un House anterior a House. Scrubs empezó a emitirse en 2001, y House es de 2004.

Me da a mí que el doctor House no es más que una versión contenida, dramática y detectivesca del aceleradísimo doctor Cox.

Habrá quien hable de germen, de inspiración, de referentes. Yo creo que se trata de una simple copia. Scrubs era ya una serie de éxito cuando se empezó a plantear House: es evidente que sus creadores la conocían.

Claro que House es otro rollo. Y Hugh Laurie es un actor infinitamente mejor dotado que el John McGinley que encarna a Cox (que, para su papel desquiciado, no está nada mal: para ir pasado de vueltas sin resultar cargante hace falta mucho talento). Hay suficientes rasgos diferenciales entre un médico y otro como para que no se sostenga una demanda por plagio, pero vamos, que bastan cinco minutos para darse cuenta.

FRANKA POTENTE

Con ese nombre, Franka Potente, el orientador profesional que fue a visitarla en el insti, fue claro y directo. Con el test psicotécnico en la mano, le dijo:

-Tienes un futuro prometedor en la industria pornográfica.

Sí, podría haber seguido los pasos de otras porn stars latinas, como Elsa Pataki o Paz Vega, pero ella decidió que lo suyo era el cine de vanguardia. Una alemana moderna no puede pensar otra cosa. Además, le habían dicho que tenía el culo demasiado gordo para los estándares californianos del porno que se llevaba entonces.

Yo la descubrí, imagino que como todo el mundo, viendo cine moderno alemán. Ya estaba iniciado en su lenguaje: después de tragarme dos temporadas de Rex, un policía diferente (que, en rigor, además de diferente, es austríaco) y casi un capítulo entero de Alerta Cobra, una serie con trepidantes persecuciones en las autopistas (Autobahns) de Baviera, estaba listo para pasar al siguiente nivel y adentrarme en los lisérgicos y postindustriales parajes del arte fílmico alemán.

Me dispuse a ver Run, Lola, Run. Iba espoleado por las elogiosas críticas que había leído sobre ella. A saber:

Una película imprescindible, que en cualquier momento de su vida, todo el mundo debería ver.

La película funciona con la misma intensidad tanto a nivel de imágenes y música como de ideas. Amor, tiempo, providencia, destino, libertad… son conceptos que Tykwer desarrolla con fuerza, fustigando el egoísmo y la hipocresía de algunos padres.

Bienvenida sea Lola (muy bien interpretada por la joven Franka Potente), con su estética arriesgada y su interesante y bien hilada trama.

Un film que pone en imágenes la teoría del caos y que se puede considerar la primera película interactiva del cine alemán.

Guau -pensé-, espero que mis aborregadas, provincianas y rácanamente estimuladas neuronas no se fundan ante tal chute de modernidad. Escuché un poco de Kraftwerk para ponerme a tono antes de la peli y le di al play.

Bien.

Muy bien.

La peli se titula Corre, Lola, corre.

Correcto título, se adapta bastante bien al contenido.

Básicamente, Lola corre.

Corre para salvar la vida de su chico (que, bien mirada, tiene una vida y una cara cuya salvación no merece ni un paseo, y no digamos ya una carrera). Tiene que conseguir 100.000 marcos en muy poco tiempo y le dan varias oportunidades (como en Atrapado en el tiempo, vuelve al mismo día, pero aquí eso no es divertido). Solo al final lo consigue. Y ya.

Lo intenté, de veras, pero todavía estoy buscando la crítica radical y furibunda a la sociedad burguesa que, según sus muchos fans, se hace en esta peli de forma magistral e incontestable.

Yo sólo vi a una alemana corriendo por una fea ciudad de su país con estética de pasillos de Lidl. Y me aburrí mucho.  Muchísimo.

Pero me quedé con el nombre de Franka Potente.

Tras el éxito del personaje de Lola, Franka dio el salto a los USA, donde ha hecho un papel en la saga Bourne (que es como un Run, Lola, Run, pero con más presupuesto, con cámaras que saben encuadrar un plano y localizaciones que no se limitan a 50 metros de la misma calle toda la película. Eso sí, carece por completo de las ínfulas artísticas de Lola) y ya es una habitual de las producciones hollywoodienses. Su última aparición ha sido sublime, y ante ella me descubro.

Franka Potente es la salvadora ambigua de House en el arranque de esta última temporada, que ha sido fantástico. En dos capítulos, interpreta a un personaje triste y frágil -con acentazo alemán, claro- que con su dulzura sabe poner al prota ante el precipicio: le puede salvar o le puede hundir, y puede hacer ambas cosas con el mismo gesto.

Qué poco tiene que ver ese personaje sereno con la histeria empastillada de Lola. Supongo que en Lola quería expresar angustia y desesperación, pero donde Franka logra transmitir de verdad esas dos cosas es en el personaje abatido y derrotado que le regalan en ese cameo televisivo.

Llámenme burgués, apoltronado o lo que quieran, pero yo aprendí del gran Alfred Hitchcock que, en las artes narrativas y dramáticas, lo profundo y significativo siempre se transmiten con más fluidez y apariencia de verdad a través de una depurada, paciente y humilde labor de artesano que conoce su oficio que con las ínfulas desquiciadas de un artista iluminado que aspira a iluminar a todo el mundo con la grandiosidad de su genio.

Ay, Franka Potente, qué gran actriz se perdió el porno.