Le ha costado, pero al fin lo tiene. Rafael Reig publica en Tusquets, como su amigo del alma, Antonio Orejudo. Y como su otra amiga, Almudena Grandes. Y por la puerta ídem, después de ganar el Premio Tusquets de Novela. Le ha costado, pero ahí está, en el Hollywood de las editoriales españolas, después de toda una vida en el prestigioso e incómodo mundo indie. Después de toda una vida de trapero (cito de la RAE: trapero, ra. m. y f. Escritor perteneciente al catálogo de la editorial Lengua de Trapo), Reig alcanza la gloria a sus 40 y muchos. Porque una característica de los traperos es que no son empleos terminales de triunfadores venidos a menos, sino pinitos que en algunos casos se prolongan más allá de lo razonable.
Y eso que Reig ganaba algún que otro premio y le traducían al inglés y una vez le sacaron en el Time y todo. Que más de un glorioso escritor hispano quisiera esos premios y esas traducciones al inglés y esas reseñas en el Time. Pero ni por esas: Reig seguía de trapero, mientras sus amigos saltaban a Tusquets y a otras majors.
¿Y qué quería, buen hombre? ¿Cómo iba a dar el Gran Salto Adelante narrando felaciones de amas de casa a butaneros y metiéndose en todos sus libros con Suárez, con Felipe González y hasta con el rey si se atrevía a pasar por ahí? ¿Cómo iba a sentar la cabeza escribiendo novelitas de inspiración pulp en las que nadie se tomaba nada en serio, ni siquiera el Cutty Sark, donde nadie reflexionaba sobre el conflicto saharaui y las mujeres no sólo no se liberaban sino que se arrodillaban ante las pollas de los butaneros? Así no se labra uno una carrera, por mucho premio, mucha traducción al inglés, mucha reseñita en el Time y muchos amigos autores de best sellers que se tengan. Por dios, que hay que explicarlo todo.
Mi teoría es que Reig ha saltado a Tusquets porque ya le tocaba, porque empezaba a clamar el cielo que fuera el único autor de su generación y de su grupo de amigos que seguía publicando en la por otra parte dignísima editorial indie. Pero ya empieza a tener una edad, y de la misma forma que uno deja de ir en monopatín, se abandonan las editoriales independientes para que los jóvenes como yo podamos renovar su catálogo y que la editorial pueda seguir presumiendo de tener a gente joven en ella. ¿Qué credibilidad indie puede tener un sello lleno de tíos calvos y achacosos?
Ni los autores quieren hacerse viejos en una indie ni las editoriales indies quieren que sus autores se hagan viejos con ellas (a no ser que dejen de ser indies y se conviertan en Anagrama o asín).
Pero, claro, al lector medio sin intereses espurios en la movida editora, ¿qué cojones le importa todo esto? Pues también es verdad, pero no está de más saber ciertas cosas, que los libros no surgen de la nada, y éste en concreto se entiende mejor si conocemos la trayectoria de su autor, ya que es en parte un cierre, una compilación, casi una exposición antológica.
O mejor, y atendiendo al espíritu pulp que le es tan grato: un resumen de lo publicado, como se leía en las viejas revistas de tebeos en esas recapitulaciones que hacían para recordar la historieta del número anterior.
En Todo está perdonado aparece Carlos Clot, el detective de Sangre a borbotones. Vuelve a aparecer el Madrid inundado, capital de una España que se ha quedado sin petróleo y que en 1984 se adhirió a los Estados Unidos y adquirió el inglés como lengua oficial (en V.O.S.E.). En Todo está perdonado vuelven y revuelven todos los tópicos del universo de Reig, pero muy en especial los de Sangre a borbotones (y más sutilmente, a La fórmula Omega —sensacional novela ajedrecística que deberían ustedes leer en vez de perder el tiempo conmigo— y a Guapa de cara). Todos sus lectores nos sentimos reconocidos en sus páginas, su lectura provoca una sensación muy grata de final de viaje, de obra en marcha que empieza a tomar su forma adecuada, de escritor maduro y seguro de sí.
A veces quizá sea demasiado doctrinal, con un exceso, para mi gusto, de metralla interpretativa y un punto redundante. Creo que la parodia basta para que quede clara la tesis de que en España mandan los mismos y siempre pierden los mismos, que el franquismo lo dejó todo atado y que las cuatro familias que gobiernan el país desde el siglo XIX siguen en su sitio, controlando una democracia ficticia o meramente formal cuya única función es legitimarles. Esto lo digo así porque no puedo narrarlo, pero creo que tiene mucha más fuerza en el libro cuando se narra que cuando el narrador lo expone en tono de tribuna periodística.
Pero qué coño, ha ganado un premiaco y ha publicado en Tusquets, que escriba lo que quiera, que rellene todas las páginas que le guste. A ciertas edades, uno puede permitirse lo que quiera. A mí me seguirá gustando más el Reig travieso y novelista, mucho más que el Reig articulista, y me aburre un poco cuando el articulista se cuele en el novelista.
Olé por Reig. Sus fans estamos contentos. Yo estoy contento de volver al Madrid de Carlos Clot, ese Madrid navegable, con los barcos amarrados en Puerto Atocha y el Canal Castellana partiendo la ciudad en dos, la Rive Droite y la Rive Gauche. No me parece un Madrid tan malo, la verdad.















