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SOLDADOS EN EL JARDÍN DE LA PAZ (VERSIÓN USA)

No sé todavía qué pensar. Entre otras cosas, porque no he leído el libro en cuestión, pero me escribe en un inglés muy amable y refinado el señor Robert Wright, autor de Beyond Ultra, una novela que salió en mayo de este año en Estados Unidos. Según me cuenta, trata de un alemán colono en Camerún que es evacuado a la Guinea Española en 1916, donde conoce a una española con la que festeja y al final se casa. Tienen tres niños. Dos de ellos se van a Alemania, donde acaban nazis perdidos, y el pequeñito marcha a Estados Unidos a estudiar en la Universidad de Columbia. Cuando estalla la guerra, este último se convierte en un agente doble y tal y cual.

No sé de qué me suena a mí todo esto. Tengo una sensación de déjà vu que no puedo con ella.

En fin, que Mr. Wright me ha escrito mostrando un vivo interés por mi librito y por la aventura de los alemanes que cuento en él, así que corresponderé leyendo el suyo. Este es su vídeo de promo.

PALABRAS

Iba a escribir del 11-M, de cómo me abocó a uno de los trabajos más amargos e ingratos de mi vida profesional, en cómo me vi metido en la casa de una familia que había perdido a su hijo, en una casa donde todo, absolutamente todo, era dolor: cada palabra dicha, cada gesto, cada foto de la pared. Todo latía en un escozor intenso que se contagiaba y me paralizaba.

Y a mí me tocaba hacer las preguntas. A mí me tocaba contar su historia.

Por suerte, les gustó. Elogiaron una sensibilidad que dudo haber tenido y se sintieron a gusto con los textos que compuse. No sirvieron de nada, pero, al menos, no hicieron más daño, no depositaron más sal. Y eso, si no un triunfo, fue un consuelo, qué quieren que les diga.

Me acuerdo de ellos cuando llega esta fecha, pero esta vez no quiero escribir más del tema.

Así que, cambiando completamente de registro, os enseño esta foto, inédita hasta ahora:

Como se lee en la esquina inferior derecha está tomada en Zaragoza en 1927, y el hombre de la derecha es Hans Jürss, alemán del Camerún que se instaló en estas tierras en 1916. La foto me la ha mandado su nieta, Ana, que vive en Galicia y ha encontrado mi libro Soldados en el jardín de la paz, donde se cuenta la historia de algunos compatriotas de su abuelo. Me dice en un correo que me ha enviado, y que reproduzco en parte con su permiso:

Soy nieta de Hans, un alemán del Camerún que se afincó en Zaragoza en 1916 y se casó con “la bella de Calanda”, Francisca Jarque.

Tuvieron cuatro hijos; el mayor, mi padre, nació en la aldea alemana de donde era oriundo mi abuelo. Reresaron a España al poco de nacer mi padre (1920) y se quedaron en Zaragoza.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial las autoridades militares alemanas instaron a la familia a que volviera a Alemania a cumplir con sus obligaciones de ciudadanos alemanes. Mi padre acababa de iniciar sus estudios de medicina y recuerda el acoso tan tremendo que sufrió por parte del cónsul de Zaragoza para alistarlo. Mi padre, tras presentar numerosos certificados médicos falsos y desoir sus llamadas, consiguió quedarse en España y se refugió en Valladolid donde continuó sus estudios.

Son reacciones que voy recibiendo y que me indican que mereció la pena escribir el libro. Alicia, nieta de Alfred Schott, botánico instalado también en Zaragoza en 1916, me dijo, tras leer mis Soldados: “Ahora entiendo muchas cosas de mi padre que no entendía”.

Al final va a resultar que no trabajo de balde, que mis palabricas aprovechan a otros. Tengan cuidado, porque si me lo ponen tan fácil y son ustedes tan agradecidos, no pararé de escribir libros, que cuando me da por algo soy muy terco.

MIS SOLDADOS EN LA TELE

No pude hacerlo en su momento, pero ya está en Youtube mi intervención en el magacín de Aragón Televisión La vida sigue igual (prime time de los lunes, uno de los programas que más gustan a los jóvenes de más de 60 años). Fui a rajar de mi libro Soldados en el jardín de la paz. Me acompañaron en plató Pablo Bieger, Juan Kurtz y Anneliese Wingenbach. Fue el 16 de noviembre pasado. Creo que quedó molón. Lo pongo a cachitos de tres o cuatro minutos cada uno.

UN REGALO DE PAPÁ NOEL

Creo que el prestigioso crítico y escritor Hilario J. Rodríguez no se parece nada a Papá Noel (en realidad no lo sé, porque no nos conocemos personalmente), pero esta semana me ha dejado un regalo como si fuera el gordo Santa. No lo ha echado por la chimenea, sino que lo ha diseminado por los kioscos. Este sábado, el suplemento Artes y Letras Aragón de ABC le dedica la portada y dos paginones a glosar mi librico Soldados en el jardín de la paz. Ya he puesto una cerveza bávara de trigo a enfriar para celebrar esta desmesura al estilo germano.

Insisto en que no conozco a Hilario -aunque creo que eventualmente hemos compartido editor- ni me debe dinero, ni favores, ni nos hemos acostado juntos ni nada de eso. Lo digo porque, descartando estas circunstancias, este párrafo resulta incomprensible (en un panorama juntaletrero en el que se tiende a hablar sólo de los amigos y de los amigos de los amigos):

Su lectura [la del libro aludido, claro] resulta a veces melancólica, otras muy enérgica, contradictoria. Entre las frases puede escucharse una música que confunde a W. G. Sebald con los historiadores grecolatinos, un ritmo que oscila entre la audacia de los periodistas y la inventiva de los fabuladores.

Cosas así las había escuchado hasta ahora de boca de mi chica o, a lo sumo, de mi madre, pero no de alguien que no ha tenido sexo conmigo o que no me ha parido con agudos dolores. Así que estoy ruborizado, Hilario. Esas cosas sólo se pueden decir en la intimidad del lecho, no ante miles de lectores decentes y empachados de los banquetes navideños.

Sebald e historiadores grecolatinos, nada menos. Me conformaba con Corín Tellado y el Chuck Norris de la teletienda como referencias intelectuales. No pico tan alto, pero gracias de cualquier modo.

Y ya paso de autopelotearme y de tocarme en público, que vienen invitados a comer y me toca cocinar, como siempre (me lavaré las manos antes, no sufráis por ellos).