Esta mañana he estado en el Centro de Historias, de Zaragoza, viendo los trabajos de montaje de la exposición La Pequeña Alemania de Zaragoza. La aventura de los germanos que llegaron del Camerún (1916-1956), que se inaugura este jueves. ¿Que cómo estaba la cosa? Pues tal que así:

Sí, lo que veis en algunas fotos son cruces gamadas, muy a tono con la situación europea del momento (especialmente, griega, con ese simpático partido de cabezas rapadas que tanto manda ahora), pero no son las únicas cruces que habrá. También podréis ver una cruz de hierro auténtica (la de la foto) y una panoplia de objetos de lo más curiosos y cotillas, que van de lo cómico a lo trágico pasando por lo simplemente entrañable.

Aquí siguen los chicos de las brigadas municipales con el montaje. Qué gusto daba verles currar. Extiende, mide, un poco más abajo, mecagüendiez, esto no entra, cagonlaputa, rediós… Y Beatriz y yo —los dos comisarios de la expo—, de barandas, quisquillosos, haciéndonos odiar, pidiendo las cosas un poco más altas o un poquito más a la derecha. Sólo por joder, naturalmente, sin ningún propósito estético o didáctico, por el simple placer de machacar al obrero.

Qué bien trabajan estos muchachos. Te montan una exposición en un rato. Qué tranquilo me han dejado, de verdad. Aun así, creo que voy a sufrir un poco hasta el momento de la rueda de prensa, hasta que no vea cada cosa montada en su sitio y que todo marche bien. Me esperan días de nervios hasta el estreno, pero es un gustazo ver que la historia que conté en mi libro tiene una segunda vida, que se mantiene con otra forma. Espero que los zaragozanos la disfruten, de verdad, es un empeño por rescatar una parte de la historia oculta de esta ciudad que tantas alegrías me ha dado.

Mientras yo estoy a mis cosas, embebido de germanismos, mi libro sigue por ahí, codeándose con lo mejorcito de la literatura universal. El amiguete Alberto Julián me mandó desde Madrid estas fotos en las que se ve a Cervantes y a Valle-Inclán gozándola bárbaro con la lectura de mi novela.

No habrá más enemigo ha viajado hasta Santo Domingo, donde ha salido una mención en la revista Bohío (pinchar aquí para leer).

En casa, me he estrenado como actor. Como el peor actor del mundo después de que Ángel Acebes dijera aquello de que ETA seguía siendo la principal línea de investigación. Javier López Clemente, aka Sonolópez, me ha invitado a su ciclo Tardes de blog, en la librería El Pequeño Teatro de los Libros, y para anunciar la interviú, ha rodado este vídeo. Pido disculpas al conjunto de la profesión de actores y actrices, a quienes respeto y admiro muchísimo. También pido perdón al gremio de las tejedoras y a toda la industria textil en general.

Anuncios