Una de las tareas más ingratas que he sufrido como periodista ha sido supervisar los comentarios de la edición digital de un periódico. Ingrato no solo por lo mecánico, aburrido y antiperiodístico del cometido -porque, visto el deterioro de la profesión, hay empeños mucho más indignos-, sino porque me obligaba a enfrentarme con lo peor y más miserable de la condición humana. Un par de horas de relación con los trolls y con esa pléyade de amargados que utiliza los comentarios para gritar lo que no se atreverían a decir en otros foros bastarían para hacer de la misma Heidi una cáustica misántropa.

Así comienza mi artículo publicado hoy en el periódico digital El Europeo, donde empiezo una colaboración. Podéis leer la pieza antera pinchando aquí.

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