Queridas, queridos:

Les presento la portada de mi próximo libro, que saldrá a la venta en España el 21 de marzo.

portada

Su diseño ha sido un parto difícil. Mónica Carmona, la directora literaria de Mondadori, desechó un montón de bocetos antes de mostrarme las primeras muestras definitivas. Y, a partir de esas, discutimos un montón y se hicieron seis o siete tomas falsas más. El equipo de diseño de Random House Mondadori se lo ha currado mucho, matizando y repitiendo, desechando ideas y volviendo sobre ellas. Todo para armar una portada conceptual que rehuyera lo obvio y fuera a la vez delicada y poderosa.

Estoy muy contento con el resultado. Tanto el faro encerrado en una bola como el animal herido de juguete remiten a metáforas desarrolladas y reiteradas en la obra. El montaje condensa y resume el espíritu de mi libro, y no era nada sencillo aprehender un texto tan difícil de encasillar. Además, las vetas del mármol que bailan entre el animalito herido y el faro me recuerdan a caprichos de action painting, a tensiones nerviosas e incluso a la propia anatomía de un nervio. De esos nervios que se van rompiendo en las páginas.

Quería compartirla con ustedes y agradecer públicamente la labor de Mónica y de toda la gente de Random House que ha trabajado y trabaja en mi libro (diseñadores, correctores, redactores… Aunque debería ponerlo todo en femenino, porque me da la sensación de que en ese sitio sólo tienen en nómina a chicas de caligrafía perfecta que yo me encargué de mancillar en las galeradas con mi sucia letra de escuela pública). No sólo les agradezco su profesionalidad, sino su delicadeza y cariño.

También le debo un abrazo muy especial a un escritor al que admiro, Marcos Giralt Torrente, que, aun sin conocerme y sin deberme dinero ni haberme robado la novia, se leyó la obra y tuvo la gentileza de escribir un texto a propósito de ella que irá impreso en una faja. Les reproduzco la cita:

La hora violeta es la hora que ninguno querríamos vivir, y, sin embargo, Sergio del Molino consigue que la vivamos hasta el final con él, imantados por su insólita capacidad para poner en palabras justas, en palabras dolorosamente bellas, el silencio atroz que provoca lo que ni siquiera nos atrevemos a nombrar.

Sé que aún queda mucho para el 21 de marzo, pero, en tiempo editorial, esa fecha es pasado mañana. Y a mí me parece que es mañana mismo. Está todo cerrado, todo a punto, no puedo hacer otra cosa más que esperar. Sólo me falta tener un ejemplar en mis manos y que ustedes tengan los suyos, si quieren.

El amigo Juan Mal-herido, a quien sí conozco y sí me puedo permitir llamar amigo, también ha comentado algo en su blog de eldiario.es (leer aquí).

La hora violeta empieza a no pertenecerme.

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