«Toda la zona es una alternancia de polígonos y bloques. Las calles entre los edificios son anchas, pero no tienen árboles. Están limpias, cuidadas con esmero municipal. Y sin embargo, andando por los patios interiores de los bloques tendré todo el rato la impresión de que se respira un aire de mundo derrotado, como si alguien (no sólo el tiempo) les hubiera dado una paliza. Tantos años de luchas y de huelgas, para acabar viendo Intereconomía; pero la paliza no es esto, el apaleamiento fue antes. Lo de ahora es sobrevivir. Las palizas las dan en el momento en que parece que todo va a ir bien, en el preciso instante en que la gente empieza a sacar la cabeza del agua. Es entonces cuando caen a plomo las colas del paro, la droga de los descampados, el vivir en un sitio adonde nadie quiere ir y de donde no hay manera de salir. Paseando ahora por estas calles, lo que veré es que se han recuperado como han podido, o más bien es que ha habido supervivientes; pero lo que sobre todo voy a percibir es que estoy en un sitio donde se ha sufrido mucho.»

Javier Pérez Andújar,
Paseos con mi madre

2011 12 Cubierta_PaseosConMiMadre__Desarrollo

Me duelen los ojos de leer Paseos con mi madre. De la emoción y de la admiración. No sé cómo he tardado tanto en devorarlo (la edición es de noviembre de 2011). Ahora me explico muchas cosas de porqué estamos como estamos. No porque el libro dé ninguna clave, sino porque una sociedad herida y derrotada que prefiere leer las soplapolleces de Stéphane Hessel antes que el lamento luminoso de Javier Pérez Andújar está intelectualmente desvalida y emocionalmente noqueada. Que Paseos con mi madre no sea un best-seller en la España de hoy significa que no tenemos arreglo y que nunca jamás recuperaremos la merienda que nos robaron de la misma boca.

Cuando mis tropas mercenarias proclamen la República Socialista Soviética Ibérica, mi primera medida será imponer la lectura obligatoria del libro de Pérez Andújar, como en la China de la Gran Revolución Cultural se imponía el Pequeño libro rojo de citas del camarada Mao Tsé-tung compiladas por el camarada Ling Piao.

(Nota anticipatoria de un futuro post: leí hace tiempo el primer libro de Pérez Andújar, Los príncipes valientes, y no me gustó, no entré en su juego de nostalgias, infancias y épica lumpenproletaria. Por eso, aunque todo el mundo recomendaba Paseos con mi madre, yo me hacía el remolón. Fue Martínez de Pisón quien me insistió en que el libro era bestial. Le planteé mis remilgos hacia Los príncipes valientes, asintió en un gesto que quería decir que no fuese gilipollas, y me instó a leer sin más dilación este memoir. Le he hecho caso tarde, pero ahora, caído del caballo, confieso mi devota conversión al pérezandujarismo.)

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