Y llegado Pedro de Alvarado a los pueblos, todos estaban despoblados de aquel mismo día, y halló sacrificados en unos cúes hombres y muchachos, y las paredes y altares de sus ídolos con sangre, y los corazones presentados a los ídolos; y también hallaron las piedras sobre que los sacrificaban y los cuchillazos de pedernal con que los abrían por los pechos para les sacar los corazones. Dijo el Pedro de Alvarado que habían hallado en todos los más de aquellos cuerpos muertos sin brazos y piernas. E que dijeron otros indios que los habían llevado para comer, de lo cual nuestros soldados se admiraron mucho de tan grandes crueldades. Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues dende allí adelante en cada pueblo no hallábamos otra cosa. 

Bernal Díaz del Castillo,
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

Iba a escribir una crónica sobre la presentación de ayer en La Central de Callao, pero no tengo fuerzas emocionales (y de las físicas, ando justito, que la noche se alargó). Lo dejo para otro día.

Hoy, al llegar a casa, he abierto distraído el tocho de la Historia verdadera… que ameniza mis noches últimamente y me he encontrado con este párrafo. Me ha maravillado la última frase, marcada en negrita. Es una magistral y sencillísima forma de expresar el horror más fiero. «Dende allí en adelante en cada pueblo no hallábamos otra cosa.» En esas once palabras puramente instrumentales y aparentemente inocuas se condensa el espanto indomable de aquellos conquistadores. Díaz del Castillo lo transmite mucho mejor así que si hubiera recurrido a prolijas descripciones. En todo lo que no cuenta, cuenta mucho más de lo que cuentan otros en páginas llenas de detalles y pornografía.

De algo de esto hablamos en la presentación, de cómo en La hora violeta recurro a estrategias retóricas parecidas a las de Bernal Díaz del Castillo. De cómo el horror, cuando se ha vivido, no precisa de adjetivos.

Marcos Giralt Torrente y un servidor, durante la presentación ayer de "La hora violeta" en Madrid. La foto es de Mónica Carmona.

Marcos Giralt Torrente y un servidor, durante la presentación ayer de “La hora violeta” en Madrid. La foto es de Mónica Carmona.

A todos los que me acompañasteis ayer en Madrid: gracias.

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