No sé si esta es la forma correcta de transportar a los niños, pero Daniel, en la maleta, ha viajado genial. Nuestro pequeño polizonte ha llegado bien a casa, tras una escala en Madrid.

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En esa escala, Daniel se durmió a gusto mientras su padre peroraba con Marta Sanz sobre cosas literarias. No se ve, pero, en este instante, Daniel asiente en sueños a mis argumentos, que confirma con una gran y placentera baba de siesta.

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Lo pasamos bien en la Fnac Castellana de Madrid. Me hicieron un cuestionario sobre el futuro de la literatura española para un vídeo que colgará la Fnac y me preguntaron qué autor español de mi generación podría ganar el Nobel dentro de treinta años. Estuve por responder que Carmen de Mairena (sobre todo, por esa cumbre lírica de «más vale tener buen humor que en el culo un tumor»), pero no estoy seguro de que tengamos la misma edad, así que pasé y me encogí de hombros con la cara de tonto más lograda de todas mis caras de tonto (y tengo un repertorio amplio).

Por la mañana, tuve una conversación-entrevista intensa e interesante con la escritora y periodista María Fernanda Ampuero, en la que dije algunas cosas que creo que aún no había dicho en ninguna entrevista. Inteligente y sutil, María Fernanda, un extraño placer de conversación que creo que se plasmará en un largo artículo dentro de un tiempo.

Todo terminó bien, como intuirán, con las divertidas cañas de después con Marta Sanz. Pero eso no se cuenta aquí.

Ya estoy en la dura realidad. Moreno. Espléndidamente moreno.

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