Me reprochaban hace unos posts que llevo mucho tiempo sin recomendar libros, y que a ver si me estiro. Es cierto. Esta intolerable omisión se debe a varios, contradictorios e inanes motivos. Entre ellos, que llevo un tiempo desconectado de las novedades, leyendo y releyendo clásicos que no precisan recomendación. No se va a poner uno a «descubrir» a Michel de Montaigne. Siempre he pensado que el comentario ha de ir ligado a la actualidad, de la que yo me he descolgado un poco. Por otro lado, de un tiempo a esta parte, no me siento tan libre como antes para escribir sobre literatura española actual. Me fatigan las suspicacias, que me busquen amigos y enemigos, que me acusen de hablar bien del libro de Fulano porque un día me vieron borracho perdido con Fulano en no sé qué bar. O que me acusen de hablar mal del libro de Mengano porque Mengano ganó un premio que yo perdí o salió más guapo en la foto que a mí no me hicieron. Me da fatiguita. Una fatiguita gaditana y playera.

Queda la treta de comentar sólo libros de autores extranjeros, con los que probablemente no coincida nunca en ningún sarao y que nunca lean lo que escribo de ellos. Pero eso, aunque sea poquito, es hacer trampa. Es la treta del franquismo. Cuando Franco, los periódicos venían llenitos de crónicas del extranjero, porque de España no se podía publicar nada. Y vale, esto no es un periódico y yo no soy crítico, pero creo que me entienden.

Hay, por último, un motivo perezoso. Me aburro un poco de comentar libros previsibles. Me aburre apuntar las mismas cosas y repetir las mismas obviedades que se replican en otros blogs. Pero esto es coyuntural. Pasará rápido. En cuanto tenga un libro bueno y actual en las manos. Ya tengo varios. He vuelto al tajo. Pronto estarán por aquí. Pero prefiero, más que hacer recomendaciones, divagar sobre las ideas que me vienen a las meninges cuando los leo.

En sucesivos posts, este blog regresará a la senda comentada. Les anticipo, para los ansiosos, que me está gustando mucho Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné (Mondadori), que estoy disfrutando con En medio de extrañas víctimas, de Daniel Saldaña París (Sextopiso), que me ha hecho pensar Daniela Astor y la caja negra, de Marta Sanz (Anagrama), y que me ha dejado destemplado y sin opinión Canadá, de Richard Ford (Anagrama, aunque yo lo he leído en Harper Collins).

De todos ellos, y de alguno más, hablaré pronto.

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