Entiendo el eufemismo hasta cierto punto, como puedo entender el asco físico, el rencor corrosivo y otras emociones humanas que rara vez siento, pero la reiteración gazmoña me cansa. Yo no he escrito sobre “la pérdida” de un hijo, sino sobre la muerte. Los hijos no se pierden como si fueran unas llaves. Lo recuerdo hoy, que he visto varios links en los que se dice que escribo sobre “la pérdida”. Hoy, el día en que mi segundo hijo único cumple dos años y vamos a celebrar su salud, su energía y la despiadada alegría con la que me rompe la espalda y los huesos día tras día. No escribo sobre pérdidas, sino sobre cómo me encuentro cada mañana con mi hijo.

Daniel, tirado en el suelo más sucio de la ciudad, fotografiado por la escritora Jenn Díaz.

Daniel, tirado en el suelo más sucio de la ciudad, fotografiado por la escritora Jenn Díaz.

Anuncios