Ya lo saben. Si andan por Madrid, no es que estén invitados, es que están obligados a asistir.

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Desde que se hizo pública la convocatoria, muchos de quienes han recibido la invitación por correo o les ha llegado por las redes me han preguntado: «¿Víctor Manuel es Víctor Manuel?». Sólo uno se atrevió a poner «¿Qué Víctor Manuel es, el de Saboya?».

Pues claro que es Víctor Manuel. No hay otro en España. El único. Cómo le hemos engañado para que presente mi libro en Madrid es un secreto que Edu Galán y yo nos llevaremos a la tumba. O no, porque somos unos bocazas y lo largamos todo a la cuarta cerveza. Pero ahora estoy sobrio, lo siento.

El caso es que sí, Víctor Manuel es Víctor Manuel. Y para mí, que sea quien vista de largo el libro es algo tan natural como los nervios que siento al enfrentarme a la promo que empezará este martes 23, a las 19.00, con una entrevista en directo en el programa El Ojo Crítico, de RNE-1.

Si quieren entender por qué el autor de La planta 14 es el presentador ideal de este libro, tendrán que venir a verlo. Yo no se lo puedo explicar sin contarles todo el libro, y ustedes podrán entenderlo con facilidad cuando lo lean. Son piezas que encajan, continentes que se tocan en el puzle tectónico. Cosas que uno nunca pensaría que fueran a suceder y, sin embargo, no sólo suceden, sino que, una vez sucedidas, no pueden entenderse de otra forma, se leen como condenadas a suceder. Lo supe el otro día, mientras comía con Víctor Manuel en un restaurante de su barrio y charlábamos de literatura, de música y de hijos y nietos con alegría, cariño y fluidez, con tantísima naturalidad que, de vez en cuando, me obligaba a pensar: «Joder, estoy de charla con Víctor Manuel, que no estoy con un amiguete de toda la vida, que estoy comiendo con alguien que no es un alguien, sino el Alguien, una institución, historia en carne de la cultura de este país, una de esas personas que parece que no existen en realidad, que son parte de escenas de infancia, de casetes en coches de los años ochenta, de televisiones puestas a un volumen bajo en Nochevieja.» Pero yo no lo sentía en absoluto así, y ese sentimiento es lo que me lleva a intuir que la velada del miércoles en Madrid va a ser algo memorable.

Vénganse y compruébenlo ustedes mismos. No se corten. Lo pasaremos bien.

Y ahora, al final del texto, cuando ya nadie sigue leyendo, déjenme que les confiese una cosa: soy incapaz de escuchar entera esta canción sin echarme a llorar. Si la canto, se me rompe la voz en alguna estrofa. Es ridículo, lo sé, pero me pasa y sé que tiene que ver con algo que no comprendo de mí mismo.

 

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