Dos recados traen las páginas culturales de la prensa de hoy. En las de El País, Diego A. Manrique entrevista al ideólogo del grupo Lambchop, Kurt Wagner, y le coloca el siguiente titular: «Dentro del mundillo alternativo hay un molesto exceso de ironía». No me diga más. Sin embargo, sí, dígame más, señor Wagner (cualquiera tutea a alguien que se queja de exceso de ironía y que tiene un apellido tan operístico y nacionalsocialístico). Sigo leyendo y, en el segundo párrafo, me encuentro: «El disco le sirvió para exorcizar la depresión generada por el suicidio de su amigo Vic Chesnutt».

Ok, de acuerdo, recibido. Nada de ironías. Tema sucidio, colega muerto, mal rollo. Se imponen la seriedad y el luto. Pero el titular parece referirse a una reflexión general sobre la música, no a una actitud concreta ante un determinado tema. Y encuentro el contexto del que se ha sacado. Dice al final del cuarto párrafo: «La peste de Nashville es la insinceridad, la rutina. Al otro extremo, en el mundillo alternativo o como lo quieras llamar, hay un molesto exceso de ironía».

Y ya. No hay contrapregunta. Me quedo como estaba. Yo quería saber algo más sobre ese exceso, su percepción y el porqué de su molestia, pero sólo entiendo que aquí se está abogando por algo serio, sin tontadas. Ya está bien de tanto modernillo tomándoselo todo a guasa. Siéntate con la espalda recta, tira el chicle y sal a la pizarra a copiar cien veces «No seré tan molestamente irónico».

En el cada vez más catalanizado suplemento Culturas de La Vanguardia —y aburrido, molaban mucho más cuando ignoraban toda la Cataluña que no cupiera en el centro de Barcelona— dedican un par de páginas a Manel. O al efecto Manel, que debe de ser la fuerza opuesta y complementaria del efecto Axe. El titular es expresivo y prospectivo: «Y después de Manel, ¿qué?». Y un punto ofensivo, no me negarán. Si yo fuera de Manel respondería: «¿Cómo que después de nosotros? Si nosotros estamos en el durante. Nos están enterrando vivos». En el primer párrafo se les califica de «discretos muchachos». Discreción e ironía no suelen combinar bien, así que sospecho que ubicamos a Manel y a todo su efecto en el terreno de lo serio. De lo auténtico, si gustan mejor.

Tras el primer ladillo, el autor del reportaje ejecuta un ensayo de comprensión del fenómeno musical y dice, completamente lanzado: «Un reconocimiento que en el caso de Manel no ha sido ajeno a esa combinación feliz de pop urbano y cierto gusto a folk rural, de modernidad y placer de música artesanal. De cantautor ahora ya sin etiquetas. De historias que podrían haberse escapado de una antología de cuentos de Quim Monzó o servir para un anuncio de Cerveza Damn realizado por Isabel Coixet. Un nuevo diccionario costumbrista que atraviesa buena parte de los textos de la nueva ola y deudor tanto del sabor de barrio serratiano como de la escritura galáctica de Sisa, transversal, atractivo y seductor para públicos diversos».

En otras palabras: un muermazo. Auténtico, sí, pero como para ponerse a bailar. Y lo digo yo, que no he bailado en mi fucking vida (los tíos grandes como yo ni siquiera podemos bailar en clave irónica, ni como chiste hacemos gracia).

Recapitulando. Recado número uno: un exquisito y polifacético músico dice que está hasta los eggs del molesto exceso de ironía. Recado número dos: Manel ha plantado una semillita que va a fructificar. Lo que viene, por tanto, es aún más auténtico. O menos, pero con pretensiones de más. Han trasladado la masía al centro de Barcelona como hace años los de la americana llevaron el rancho al East Village de Nueva York. Pongámonos serios, señores. Serios e intensos. Como un anuncio de Cerveza Damn dirigido por Isabel Coixet.

Ese es el futuro inmediato del pop: un anuncio de cerveza Damn dirigido por Isabel Coixet. No teníamos bastante con los del hip hop pijo y buenrollero de Delafé. ¿O esos anunciaban cerveza San Miguel? Pues no, nada de San Miguel, ahora toca Estrella Damn. Sin chistes y sin saltitos y sin tutús, por favor. Con hálitos serratianos y cantautóricos. Con neocostumbrismo. Con ropa tendida y primeros planos de chicas lánguidas. Todo muy auténtico, todo muy intenso. Todo muy muy. Pero sin ironías, sin chistes de pedos. Sin pedos, incluso. Esos se los queda Carmen Machi. La Cerveza Damn no produce gases molestos y cómicos. Es suave, es intensa, es sencilla.

Somos elegantes. Somos discretos. Somos serios, aunque desenfadados y casual.

Somos, efectivamente, un coñazo.

En fin.

Sólo un apunte marginal: la ironía no es un atributo adherido al pop, es su núcleo, su identidad misma. Sin ironía, no hay pop. Muchos de ustedes han pasado por la expo de Warhol que han montado en mi pueblo. Atiendan a la ironía que allí se ve. Quítenle la ironía al pop y no nos quedará nada. Si acaso, un anuncio de Cervezas Damn (dirigido por Isabel Coixet).

Sin ironía ninguna, termino este post colgando otra foto de Juana Acosta. No viene a cuento, pero es que la que puse en el anterior artículo ha atraído muchas nuevas visitas, y creo que ninguna de ellas estaba interesada en mi prosa serratiana y coixetesca. Así que le doy al público lo que el público pide. Gócenla, criaturillas masturbatorias. No se aprecia bien porque el plano está cortado, pero el éxtasis de esta buena mujer en esta imagen se debe a la audición del último disco de Manel.

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