Me gusta mucho un programita literario de la BBC (que creo que sólo echan en el canal internacional) titulado Talking Books. Es corto, unos veinte minutos, y de formato sencillísimo: una entrevista a un escritor. Tres cámaras, dos sillas y, generalmente, el salón de la casa del escritor o una librería como plató. Hasta la televisión de Sigüenza puede permitirse producir algo así. Pero, claro, a la televisión de Sigüenza no irían los escritores que pasan por Talking Books. El prestigio no es sólo una cuestión de pasta y recursos. O no siempre.

El otro día entrevistaron a Richard Ford, escritor muy del gusto de Cris, así que la conminé a que viera el programa.

Primer comentario de la interesada: «Joder, cuando me decías que la entrevistadora es india o pakistaní, me imaginaba que era una Padma, no esto.»

Contextualizo: la Padma a la que se refiere Cris es Padma Parvati Lakshmi, y así se aparece en los sueños masturbatorios de millones de hombres:

Padma es famosa por presentar Top Chef, un reality de mucho éxito sobre cocineros superestrellosos a los que se tortura hasta pisotear su último gramo de autoestima y confianza en sí mismos. Pero como son los tacones de Padma los que pisotean, la tortura es dulce y de erótico resultado. La cuestión es que Padma fue la pareja de este señor:

Para quienes no lo sepan, esta mirada miope y soberbia corresponde a la de Salman Rushdie, quien, cuando tenía miedo de que un loco con turbante se inmolase en la puerta de su casa, buscaba consuelo en los brazos y en los pechos pródigos de Padma.

Por supuesto, que alguien como este:

yaciera con alguien como esta:

es un acto de justicia poética (o narrativa) para todos los que pasábamos los días encerrados escribiendo mientras los chavales analfabetos y anabolizados se magreaban con las Padma que nos querían mucho, pero solo como amigos. Chúpate esa, destino cruel e insensible.

Pero la presentadora de Talking Books es pakistaní, se llama Razia Iqbal y su aspecto es este:

No, no se parece a Padma, ciertamente.

La pregunta pertinente aquí es: ¿por qué, cuando le hablé a Cris de este programa y le dije que la presentadora era pakistaní, ella pensó en Padma y en Las mil y una noches y en una torda bailando la danza del vientre y refrotando sus generosos y erguidos pechos contra las camisas recién planchadas de los más reputados escritores en lengua inglesa? Pues porque somos españoles y vemos la tele española. Y en España, una periodista de la edad de Razia Iqbal no estaría presentando un prestigioso y selecto programa literario, sino en su casa, administrando el dinero de un ERE, o, en el mejor de los casos, escribiendo columnas de cosas de chicas en una mesa de la redacción situada justo al lado del cuarto de las escobas que huele a moho verde.

Otra cosa que sorprendió mucho a Cris fue que Talking Books consistiera en una conversación en la que se hablaba de literatura. Iqbal conoce la obra del autor que entrevista, y parece que sabe mucho de literatura, y pregunta cosas sobre estilo, construcción de personajes y poética del autor en cuestión. Y el autor en cuestión habla de cuestiones literarias.

Again: ¿por qué se sorprende Cris de que en un programa de literatura se hable de literatura? Pues porque en los programas de televisión españoles presuntamente dedicados a las cosas del escribir y del leer no se habla de literatura. Para empezar, porque muchas veces el entrevistador ni siquiera ha leído la entrada de la Wikipedia dedicada al autor que entrevista, y bastante hace con pronunciar bien su nombre. Y, para seguir, porque a los directivos de las cadenas españolas les salen llagas, pústulas y les vienen fenomenales subidones de fiebre espasmódica cuando se habla de literatura en pantalla. Escritores en la tele, sí, pero que no hablen de literatura, que se duermen las ovejas. Que hablen del 15-M. O de la prima de riesgo. O de Belén Esteban. O de que la gente no lee y que las bibliotecas son muy bonitas. O de que las drogas son malas. O de que hay que comer verduras frescas. O de lo que les salga de la pluma, pero no de literatura.

Así, hemos llegado al delirio de hacer programas literarios pensados para gente que no lee. Por supuesto, alguien que no esté interesado en la literatura no se va a tragar una entrevista a un escritor, por muy simpático y comunista que sea o por muchos litros de agua que sea capaz de absorber con el culo, y alguien interesado en la literatura espera que en un programa dedicado a la ídem se hable un poquito de ella. ¿Quién va a ver un programa así? Los lectores, no, porque no se habla de literatura, y los no lectores, tampoco, porque parece que se habla de literatura. ¿Se imaginan un programa de fútbol pensado para gente a la que no le gusta el fútbol? Pues eso sufrimos a diario los amantes de la cosa letraherida.

Aunque a muchos les parezca inconcebible, a los lectores de literatura nos gusta ver y oír a los autores que admiramos hablar de sus obras. Y nos agrada presenciar veinte minutos de charla inteligente sobre sus libros y sobre su manera de entender su oficio y el arte. De la misma forma que a un aficionado al fútbol le gusta leer las opiniones de Guardiola sobre un partido. Cuando Guardiola convoca a los medios o concede una entrevista, se entiende que lo hace para hablar de fútbol, y le preguntan cosas de fútbol, y él responde cosas de fútbol. Pero, en España, cuando se convoca a un escritor a los medios, rara vez es para que hable de literatura.

Por eso me gusta Talking Books, porque contiene todo lo que no encuentro en la tele española. Y me jode que los británicos se crean más listos y más guays que los españoles, o que la tele británica considere que sus espectadores son más listos y más guays que los espectadores de la tele española. Quizá, si la tele española me tratase de vez en cuando (no digo yo que siempre, no nos vaya a dar un sindromazo de Stendhal, que no tenemos costumbre de ver programas en los que la gente no se grite ni se enseñe los genitales entre sí) como alguien listo y guay, no tendría necesidad de ver la BBC. Pero siento que la tele española no me quiere como espectador, que hace tiempo que no le intereso lo más mínimo. Y a la BBC, por lo visto, sí. Así que me voy donde me quieren.

Me temo que la tele no será el único ámbito de mi vida que se verá obligado a exiliarse.

También diré, en honor a mi alma ibérica, que no pondría ninguna objeción si Talking Books lo presentara una Padma en triquini.

Vale, en realidad, sólo quería poner otra foto de Padma.

Anuncios