Triste y solo se queda el plató. Esta mañana se ha cerrado la temporada del Buenos días, Aragón. Tengo que confesar que me lo he pasado muy bien, que disfruto mucho de estos viernes culturetas, contribuyendo a que el tono del informativo matinal de la televisión autonómica se relaje un poco y se ponga ocioso y findesemanero. En principio, volveré la temporada que viene, si no se agosta, como dicen en Amanece, que no es poco.

En este último programa, hemos estado entre amigos. Literalmente. En esta foto (cortesía de Javier Romero, jefe de prensa de Corporación Aragonesa de Radio y Televisión), aparece Juan Luis Saldaña, al que conozco desde que fue mi becario y estaba obligado aguantar mis irritantes manías correctoras. En medio, Pilar Estopiñá, la presentadora, vieja compañera de padecimientos y alegrías periodísticas, y a la derecha de la imagen, la última invitada del curso, Ana Usieto. Por si ustedes no lo saben, es una de mis mejores amigas y una de las personas a las que más amo en este mundo. Y soy de amores selectivos, no generalistas. Aparece mencionada en una línea de La hora violeta.

1IMG_9753Eso no era un programa, era un botellón sin alcohol, una quedada de amiguetes. Pero, como somos todos muy profesionales, nadie se ha dado cuenta. Parecíamos unos periodistas que se trataban de usted y que no se conocían de nada.

De mi experiencia en el informativo matinal me han sorprendido dos cosas: la cantidad de personas que ven la tele por las mañanas (a juzgar por las veces que mi careto ha sido reconocido en la cola del Mercadona, que es el único índice de audiencia que manejo) y que, en este sufrido oficio periodístico, aún queda un montón de buena gente muy osada. Pablo Carreras, el editor del programa, ha sido capaz de dedicar media hora de tele al Diccionario de María Moliner. A las nueve de la mañana. Cuando me contó la escaleta de ese programa («hablaremos de lexicografía», ponía el muy audaz, contra todas las Ana Rosas y todos los Jorge Javieres del mundo) le dije que estaba loco. Cuando nos levantamos del plató, le aplaudí: había conseguido hacer treinta minutos de tele entretenida, didáctica y muy interesante sin salirse del registro informativo.

Me siento muy cómodo en ese formato de tele, serio y flexible a la vez, y espero seguir aprendiendo la siguiente temporada. Hasta septiembre, amigos (sólo me despido de los chicos catódicos: el blog no cierra en verano).

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