Posteo muy poco últimamente. Sé que ustedes sabrán perdonarme. No es desidia, es que he estado entregado a cosas muy serias que me han absorbido por completo, como se intuye en la imagen.

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La foto lleva filtros y está rota, como todos los recuerdos familiares. Daniel, acostumbrado a ser el disco en torno al que giramos todos, no se siente especial. Su ser es intransitivo. Pero, para nosotros, superar este año, comer tarta (una tarta canónica, que pedía un payaso que la estampase en la cara de otro payaso), brindar y darle regalos ha sido intenso. Apoteósico.

El primer cumpleaños de Daniel ha sido el motivo de mi ausencia de este blog. También será el de mi regreso.

Unos días antes, en una barbacoa entre amigos (aún no he probado las barbacoas entre enemigos) que organizó en su casa, Agnes Daroca le regaló un cuadro que ahora cuelga en una pared de su habitación. Un asombroso pez corvado con unos versos de acompañamiento.

pez corvado

«Y de las noches oscuras
nos salen peces corvados.
Van y te regalan la estrella
que te habían guardado.»

Lo siento como la continuación de otro cuadro que Agnes nos regaló tras la muerte de Pablo. Un cuadro que también hablaba de estrellas y cuya continuidad parecía imposible. Era de una tristeza definitiva, que no admitía continuarás.

Agnes, por cierto, ha vuelto al lápiz. Nos lo anunció como si no le diera importancia, pero es muy importante. Ha dado muchas vueltas y al final ha descubierto que todo estaba en el humilde lápiz. Nuestro pez corvado es de lápiz.

Comprenderán que, con tantas emociones, no tenga fuerzas ni tiempo para venir aquí a escribir de Rajoy, de Bárcenas o de la madre que los parió a todos.

Mi hijo ha cumplido un año y el mundo no puede importarme menos.

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