Podría comentar muchas cosas (la mayoría, buenas) de Cómo ser mujer, de Caitlin Moran, pero me voy a contentar con establecer un juicio muy general sobre el libro y dar unas razones por las cuales una obra así es impensable en España.

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El juicio general: Caitlin Moran ha escrito, partiendo de la autobiografía, un libro divulgativo que acerca a amplias masas de mujeres de cultura media-baja una serie de cuestiones complejas y polémicas sobre la condición femenina. Es la vulgarización de una visión muy personal y meditada del feminismo. Vulgarización en el más amplio y positivo sentido del término. Desde el tuteo, el humor y la self-deprecation, inocula un montón de ideas estimulantes y pertinentes. Hace pensar, y no sólo a las señoras de Manchester a quienes apela el texto en primer término.

Caitlin Moran y Cómo ser mujer son fenómenos impensables en España por varias razones:

  1. A las figuras españolas equivalentes a Caitlin Moran les falta humor y les sobra sentido del ridículo. Se toman demasiado en serio sus personajes, lo que las incapacita para la autoparodia y la caricatura, los dos mecanismos que Moran maneja para seducir al lector.
  2. Los lectores españoles no suelen reconocer bien los límites entre la grosería y el desparpajo. Muy a menudo, se toma por descaro refrescante lo que no es más que mala educación. También sucede lo contrario: se acusa de impertinente a quien se limita a expresarse sin eufemismos. Hasta que no se generalice una sensibilidad más refinada en el público, los fascistillas con alma de taxista seguirán haciéndose pasar por enfants terribles, y las plumas cargadas con destilado veneno irónico serán despreciadas por pedantes y abusonas.
  3. En parte por lo mismo que acabo de exponer, no abundan las escritoras (hablo en femenino porque busco a una Caitlin Moran española) que sepan jugar con los registros y los tópicos populares sin que suene a impostación costumbrista, a la pija que juega a ser barrendera por un día. El registro popular sólo se usa de forma elitista, para ridiculizar a quienes hablan así.
  4. Las columnistas españolas se sienten imbuidas de una misión. Están en misiones pedagógicas (por eso te citan a Lorca a la que te descuidas). La homilía y el sermón son las formas discursivas más abundantes del articulismo patrio. En esas formas, no se comparten ideas, vivencias o intuiciones, sino que se imparte doctrina. Así no se forman lectores, sino fieles.
  5. Escribir desde la duda y la ridiculización de uno mismo no da ningún prestigio en España. Ni los directores de periódico ni los editores te toman en serio si tú no demuestras antes que te tomas solemnemente en serio (esto desarrolla un poco la primera razón de esta lista).
  6. Una escritora/columnista española (de nuevo, es un femenino genérico, no hay aquí nada que no pueda aplicarse a escritores/columnistas hombres) no utiliza referencias pop que no hayan sido antes autorizadas por la iglesia de la ceja alta. El libro de Caitlin Moran está plagado de guiños a programas de la tele y a conciertos de Lady Gaga. ¿Qué columnista española que pretenda ser tomada en serio utilizaría a Jorge Javier Vázquez o a Mercedes Milá como leitmotivs discursivos? Si quiere ponerse pop, hablará de Mad Men. Como mucho.

Me aplico el cuento, no se crean. El libro me ha hecho pensar, aunque no soy una señora desempleada de Manchester.

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