UN ÁLVARO ORTIZ ORIGINAL

Rondabandarra abrió la veda, pero yo sigo su ejemplo ofreciendo un premio de verdad, y de los chulos.

Para despedir cuatro años de colaboración heraldiana, voy a regalar a un afortunado lector de este blog dos láminas de Álvaro Ortiz firmadas y numeradas por el artista. La obra es una de las ilustraciones que hizo este año para La ciudad pixelada. En concreto, esta, elegida por el propio creador este mediodía mientras tomábamos un vermú:

El dibujo, obviamente, es digital. Lo que ofrezco es una impresión fotográfica a un tamaño aproximado de 20 por 25 centímetros con su firma y su canesú.

¿Qué tienes que hacer si estás interesado? Remangarte y escribir, vago. O vaga.

Compón un microrrelato de no más de 600 caracteres inspirado en esta imagen bombillesca. Vamos, que tiene que haber alguna relación con el cuadro, por leve o sutil que sea. Los dos mejores o más originales o más pornográficos se llevarán el premio. ¿Que quién elegirá a esos dos mejores? No seré yo, sino un minijurado compuesto por dos escritores amiguetes míos que designaré en su momento y cuyos nombres y caretos daré a conocer próximamente. Si se presentan más de diez textos, preseleccionaré diez, y entre ellos, el jurado elegirá ganador y finalista.

Dos formas de participar: en los comentarios a esta entrada y a través del correo electrónico para los muy tímidos (sergio.delmolino@gmail.com). Es algo informal, no hay plica ni anonimato ni nada. Se concursa a cara descubierta y se pueden mandar tantos relatos como se quieran. Publicaré primero la lista de los diez preseleccionados en un post, argumentando por qué los he escogido. El jurado también tendrá que razonar su fallo.

Si el ganador resulta que vive en Zaragoza, yo mismo -y, si le apetece, el propio Álvaro Ortiz- le entragaré el premio en una tasca ad hoc con unas cañas y unas. Y si no, ya veremos la forma de hacérselo llegar.

El plazo de recepción de cuentos acaba el 20 de julio. El jurado fallará, como muy tarde, el 1 de agosto.

Hala, ya sabes: si quieres una obra de arte del autor de Julia y el verano muerto y una de las mayores jóvenes promesas del artisteo local, ponte a escribir ya. Se valorará el humor, el buen rollo y la ironía, que estamos en verano.

9 Respuestas a UN ÁLVARO ORTIZ ORIGINAL

  1. Admirado (que no admirador) del Molino, aquí va un tiento a mi mala suerte habitual.

    Pienso
    Cuando paseo, pongo mi pensamiento en pequeñas e intrascendentes cosas, que si una florecilla, una persona que pasa, un escaparate, …
    Luego, cuando lo necesito para algo importante, nunca recuerdo donde lo puse.
    Y así me va (y me viene).
    Fin
    Y ya aprovecho para invitarte a la proyección de fotos que hago esta tarde a las 19h30′ en el Joaquín Roncal

  2. ¿te ha llegado mi relato, Sergio?

  3. José: Muchas gracias. Obviamente, no pude ir a tu proyección. Lo tengo difícil para escaparme a saraos vespertinos, hay que avisarme con tiempo, pero seguro que salió estupendo.

    Cardiel: me han llegado tus relatos. Gracias. Me están llegando cositas por mail. Me parece estupendo, pero la gracia de esta cosa está en que todos veamos lo que hacen todos. Si no tenéis inconveniente, prefiero que las colguéis aquí antes que mandármelas.

  4. Rondabandarra apocalíptico

    Magullado, el sacerdote se arremangó la destrozada sotana y se arrodilló sobre los cascotes y cristales de las vidrieras, en dirección hacia lo que quince minutos antes era un altar.
    -Señor, ¿así es como acaba todo? Si de esta forma deseabas nuestro fin, sea Tu voluntad.
    La voz que retumbó desde el cielo abierto era repulsiva:
    -No te molestes, chato, también nos lo hemos comido.
    -¡¡Copón!! -dijo el cura.

  5. Aquí va el último que envío (perdónenme pero parece ser que sólo me salen bien los de este tipo, los romántico-dramáticos)

    ¿Tienes alguna idea?, preguntó, impaciente, con sus característicos ojillos.
    Guardé silencio. ¿Cómo decirle, de forma delicada, que estábamos perdidos? La cerilla se consumió de entre mis dedos quemándome las yemas. La oscuridad volvió a inundar nuestras monótonas vidas. Otra cerilla es encendida. La acerco a un palmo de nuestras apretados rostros para poder ver sus lágrimas resbalar por sus mejillas. La cerilla continúa vilmente consumiéndose. No hay nada que hacer. La cerilla se consume. Sólo tengo un único deseo: volver a ver su rostro. Fricciono la última. Desearía que esa luz nunca acabara. Sé que todo está perdido. La cerilla está a punto de consumirse definitivamente. La veo marcharse, lentamente, con su largo e inmaculado vestido blanco. La cerilla se agota. La luz se extingue. Su figura desaparece. Una parte de mi ser se marcha con ella. Ya no hay tiempo para la esperanza…

  6. Esta es mi aportación. Malas formas pero buenas intenciones, e irónicas como nos habías animado.

    Comienzo a notarlo de nuevo. Maldito cosquilleo.
    ¿Qué ha provocado ahora el click en mi cerebro? El autobús no va muy lleno, nadie conversa estúpidamente… ah, ya, la radio del conductor:
    - … para reducir el paro se debe abaratar el despido y…
    Se está calentando, tranquilo, respira hondo, puedes controlarlo, ¡jodido móvil a 200 decibelios!
    - …me pillas camino de la pelu, ¿de verdad te duele mucho?…
    No puedo frenarlo, mierda, mañana saldré en los periódicos.
    “Autobus destrozado por bombilla gigante mientras gritaba: esto hay que hacer con el tranvía”
    Ya me miran raro, debo estar mutando, si, ya brillo, ya estoy aquiiií, Senseman ha vuelto, ¡hurray the common sense!.

  7. Cuando analizó la pugna entre los improperios y los estratos, Van Eerle no tuvo en cuenta el carácter vacilante de las tildes, de manera que todo su relato, centrado en la experiencia de una juventud aventurera y una madurez sosegada, que con tanta mansedumbre seguían desde el forillo los aconteceres libres de servicio y las empleadas del hogar, se vino abajo como por ensalmo, sin que de nada le sirviera pisotear los rastrojos, arengar a las masas con su verbo ardiente o mesarse la noble cabellera, de la que por otra parte carecía. Todo inútil, como puede apreciarse en la foto.

  8. Pingback: ÚLTIMOS DÍAS « El Blog de Sergio del Molino

  9. Pues debe de ser por eso que hacía yo de pequeño de cerrar los ojos y mirar al sol y robarle la luz. Siempre que íbamos a la ciudad en el BX de mi padre, el sol quedaba atrás, y yo lo miraba, y como tengo las pestañas largas, pues medio cerraba los ojos de manera que sólo pasaran unas rayas de luz que almacenaba en algún lugar de mis intestinos. (Más tarde descubriría que eso lo hacían también los girasoles y otras plantas, y que lo llamaban fotosíntesis).
    Pues debe ser por eso; pero vamos, que si no me llega a decir nada el encargao, seguro que no lo saco. ¿Quién se cree que es?
    He roto un montón de cosas, y me han echao del curro; pero con esta cabeza seguro que me dan alguna pensión de invalidez y no tengo que volver a aguantar a ningún jefe.

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