Como casi ninguno de ustedes, no leo holandés y este libro (Criminal Case 40/61. The Trial of Adolf Eichmann) no está traducido al español, así que he tenido que leerlo en inglés. La traducción de este párrafo es mía y procede, a su vez, de la traducción inglesa, así que pido disculpas a los huesos de Harry Mulisch por pervertir tanto sus palabras originales. Espero respetar el sentido. Se refiere a la forma de hablar de Adolf Eichmann durante su juicio en Jerusalén en 1961. Le juzgaban, por si alguien anda despistado, por ser el artífice de la solución final, acusación que quedó debidamente probada: Hitler propuso la idea y Eichmann la ejecutó, organizando los trenes de la muerte y el método de exterminio de Auschwitz. Este pasaje corresponde a su alegato final antes de que el juicio quedara visto para sentencia.

Adherido al discurso entrecortado hay un torrente de palabras en una sintaxis barroca que no creía que fuera posible. Paréntesis sucedidos por otros paréntesis. En el cuarto paréntesis, una súbita reserva con un “por una parte, pero por la otra”, con una referencia a anteriores pasajes y vuelta al tercer paréntesis, tomando en consideración las siguientes, con el objetivo de, de acuerdo con el orden de tal y tal, porque, sin embargo, Reichsführer SS und Chef der deutschen Politzei, para, pero, por cierto, así que, por lo tanto, lo que no excluye… Y así, en un bucle sin fin. Le encantaría condensar la historia mundial desde 1933 en una sola frase. Lo extraordinario es que a él no parece costarle nada retomar el hilo que todo el mundo perdió hace mucho tiempo. Nunca duda, nunca se confunde. Con movimientos decididos de su bolígrafo pauta el ritmo de los paréntesis, demostrando poseer una memoria increíble. Es la jerga del impreso de hacienda y del informe escrito, multiplicado hasta la locura. Este es el dialecto del fascismo.

Hablaré de este fantástico libro —inexplicablemente no traducido al español— próximamente. De momento, aquí va este apunte. Mulisch dice que quien así se expresa, de forma tan barroca, embolicada, administrativa, leguleya e incomprensible habla el dialecto del fascismo.

¿Dónde abundan los ejemplos del dialecto del fascismo? ¿Quién se expresa así hoy en día? Identifíquenlos por su jerga y sabrán quién les habla realmente.

Yo estoy de acuerdo: la subordinación es fascista. La yuxtaposición y el punto y seguido, en cambio, son democráticos.

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