Lo esencial de una persona, dijo mi padre, sólo se nos mostraba cuando teníamos que considerarla perdida, cuando esa persona se estaba despidiendo aún de nosotros. De pronto podía descubrirse su verdad en todo lo que, hasta entonces, había sido sólo una preparación para su muerte definitiva.

Thomas Bernhard, Trastorno (1967)

Leyendo a Bernhard. Acojonado, triste y severamente concernido.

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